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Clima extremo y erosión: una amenaza creciente para la seguridad alimentaria al 2030

Erosión y clima extremo degradan los suelos y ponen en riesgo la seguridad alimentaria de Colombia rumbo a 2030.
Lunes, Marzo 2, 2026

Mientras el Caribe colombiano se alista para enfrentar un nuevo frente frío, un factor clave permanece fuera del foco público: el estado de los suelos, del que depende en gran medida la capacidad del país para resistir futuras crisis climáticas. En la última década, distintos organismos han advertido que fenómenos extremos como inundaciones, sequías prolongadas e incendios forestales se presentan con mayor frecuencia. En este contexto, la degradación del suelo ha dejado de ser solo una preocupación ambiental para convertirse en un riesgo directo para la seguridad alimentaria de los colombianos de cara a 2030, según especialistas.

Este deterioro avanza con cada evento climático adverso. De acuerdo con la FAO, más del 95 % de los alimentos a nivel mundial dependen del suelo, un recurso hoy sometido a presiones crecientes. En el país, mediciones del IDEAM evidencian que zonas de la región Andina y el Caribe registran niveles de erosión cada vez más preocupantes. La situación se intensifica tras inundaciones severas: además de afectar los cultivos, el agua arrastra la capa fértil, deja terrenos compactados y reduce su capacidad biológica, comprometiendo la productividad agrícola y la resiliencia de los sistemas alimentarios.

 

“Los efectos del cambio climático en la agricultura ya son innegables en el campo colombiano. Cuando el suelo pierde estructura, biodiversidad y capacidad de infiltración, cualquier evento extremo se transforma en un impacto devastador para los territorios y para las comunidades que dependen de ellos. Necesitamos migrar hacia modelos más resilientes —más carbono en el suelo, mayor porosidad, mejor retención hídrica— que marcan la diferencia entre un sistema que resiste y uno que colapsa. Colombia requiere sistemas agrícolas sostenibles, productivos y eficientes; porque esa resiliencia determina la verdadera seguridad alimentaria del país”, explica María Elisa Monroy, directora de Negocio de Protección de Cultivos de Bayer para Norte de Latinoamérica.

El costo de la erosión frente al cambio climático
Para la experta, la relación entre los eventos climáticos y la degradación del suelo es un ciclo que debe romperse. Los suelos degradados carecen de la estructura necesaria para absorber grandes cantidades de lluvia, lo que aumenta el riesgo de escorrentías y desbordamientos. Solo por concepto de erosión, se estima una pérdida anual de 7,6 millones de toneladas en la producción de cereales a nivel global según cifras de la FAO.

“Hacia 2030, el reto no es solo producir más, sino proteger lo que ya tenemos. Devolver y restaurar lo que usamos de la tierra es la esencia de la agricultura regenerativa”, afirma Monroy.

En esa línea, la agricultura regenerativa propone diferentes prácticas agrícolas que ayudar a enfrentar este escenario:
 
• Labranza mínima: Esta práctica tiene como objetivo reducir (o eliminar) la intensidad de la labranza para mejorar la salud del suelo. Esto se puede lograr al evitar la pérdida de agua por evaporación, mejorar la infiltración del agua, reducir la escorrentía y la erosión hídrica y aumentar la estabilización de la materia orgánica del suelo.
• Cultivos de cobertura: Los cultivos de cobertura pueden reducir la erosión eólica e hídrica, aumentar la infiltración de agua, eliminar las malas hierbas, romper los ciclos de insectos y enfermedades, y proporcionar hábitat y forraje para los polinizadores y otros insectos beneficiosos. También puede proporcionar un aumento del rendimiento en el cultivo primario
• Rotación de cultivos: Consiste en plantar diferentes cultivos secuencialmente en la misma parcela para mejorar la salud del suelo, optimizar los nutrientes y combatir la presión de plagas, enfermedades y malezas.
• Manejo integral de plagas y malezas, mediante productos de protección de cultivos de última generación, incluyendo biológicos y nuevas moléculas.

Un compromiso con la resiliencia del campo colombiano

Para 2050, la demanda global de alimentos exigirá niveles de producción sin precedentes, y fenómenos como la erosión y la degradación del suelo continúan reduciendo la capacidad productiva del país. Según la experta, “cuidar el suelo hoy no es una alternativa de sostenibilidad; es la única garantía de que Colombia tendrá una despensa mañana”.

El fortalecimiento de la salud del suelo requiere un enfoque integral que combine ciencia, manejo del riesgo climático y la adopción de prácticas agrícolas regenerativas, especialmente en zonas rurales expuestas a eventos extremos. Proteger la tierra —el insumo esencial de cualquier sistema agrícola— es un elemento central para asegurar sistemas productivos más resilientes. En un contexto donde la agricultura deberá responder a una mayor demanda de alimentos en medio de mayor variabilidad climática, avanzar en la recuperación del suelo se consolida como un paso determinante para la seguridad alimentaria del país.