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GAES advierte: cuidar la audición podría proteger la salud cognitiva en el envejecimiento

Estudio publicado en The Lancet halló que tratar la pérdida auditiva a tiempo reduce hasta un 48 % el deterioro cognitivo en adultos mayores.
Viernes, Septiembre 25, 2026

Un estudio publicado en The Lancet muestra que tratar la pérdida auditiva a tiempo puede frenar hasta en un 48 % la velocidad del deterioro cognitivo en adultos mayores con factores de riesgo. Así lo reveló el ensayo clínico ACHIEVE, que hizo seguimiento durante tres años a un grupo de personas mayores y comparó a quienes recibieron una intervención auditiva integral —uso de audífonos y acompañamiento especializado— frente a un grupo de control.

El hallazgo respalda algo que la ciencia viene documentando desde hace años: existe una asociación entre la pérdida auditiva no tratada y un mayor riesgo de deterioro cognitivo, incluyendo enfermedades como el Alzheimer. Desde GAES, marca de Amplifon, señalan que entender el mecanismo detrás de esta relación ayuda a dimensionar por qué la audición merece la misma atención que otros controles de salud en la vejez.

¿Qué ocurre en el cerebro? Cuando la percepción de sonidos se dificulta, el cerebro compensa destinando más recursos a decodificar lo que escucha, un esfuerzo que se intensifica en ambientes ruidosos o con varias conversaciones simultáneas. Ese sobreesfuerzo constante desgasta funciones cognitivas clave —memoria, atención, razonamiento— que terminan compitiendo por los mismos recursos mentales.

Pero el desgaste no es solo neurológico. La fatiga que genera esforzarse por escuchar empuja a muchas personas a evitar espacios sociales: dejan de asistir a reuniones familiares, celebraciones o encuentros con amigos, no porque pierdan el interés, sino porque sostener una conversación se vuelve agotador. Ese aislamiento progresivo, a su vez, es otro factor de riesgo reconocido para el deterioro cognitivo y el bienestar emocional, lo que convierte a la pérdida auditiva no tratada en un problema con efectos en cadena.

Con estos resultados, el mensaje de fondo es claro: diagnosticar y tratar a tiempo la audición no es solo una cuestión de comodidad para escuchar mejor, sino una decisión que puede proteger la reserva cognitiva y la vida social durante el envejecimiento.

Señales de alerta para identificar la pérdida auditiva

Dado que la disminución auditiva suele darse de forma gradual durante el envejecimiento, es común que las personas se adapten a la dificultad sin reconocerla. Prestar atención a ciertos patrones de conducta cotidianos permite actuar a tiempo:
● Necesidad de subir el volumen: Requerir que el televisor, la radio o los dispositivos móviles estén a un nivel de sonido que a los demás les resulta excesivo o molesto.
● Solicitar repeticiones constantes: Preguntar con frecuencia "¿qué dijiste?" o manifestar la sensación de que las personas a su alrededor hablan muy bajo o "entre dientes".
● Dificultades en ambientes con ruido: Pérdida del hilo de la conversación en espacios concurridos como restaurantes, reuniones familiares o la calle.
● Respuestas descontextualizadas: Responder de manera diferente a lo planteado cuando parte del mensaje no ha sido comprendida.
● Cambios en el comportamiento social: Disminución progresiva de la participación en conversaciones o reuniones debido al agotamiento físico y mental que genera el esfuerzo continuo de audición.

Recomendaciones desde GAES para una detección oportuna

Para evitar que la disminución en la audición pase desapercibida y pueda afectar la comunicación, participación social y autonomía, desde GAES, compañía dedicada a la salud auditiva, se sugieren pautas claras de prevención y seguimiento:
1. Agendar revisiones auditivas periódicas: Así como se realizan controles visuales o médicos generales, es aconsejable incluir una prueba de audición (audiometría) preventiva una vez al año, especialmente a partir de los 50 o 60 años.
2. Evitar la normalización de la pérdida: Muchas personas asumen que escuchar menos "es normal por la edad" y postergan la búsqueda de ayuda durante años. Reconocer el problema desde sus etapas iniciales frena el desgaste cognitivo asociado.
3. Involucrar al núcleo familiar: Los familiares suelen ser los primeros en identificar los cambios en la audición. Prestar atención a sus observaciones o acompañar a la persona a una consulta ayuda a romper la barrera de la negación.
4. Acudir a valoración especializada: Consultar a profesionales de la audición para evaluar el estado real de la salud auditiva mediante pruebas precisas y determinar si se requiere apoyo tecnológico personalizado.
5. Considerar soluciones auditivas: Cuando sean indicadas por un profesional, los audífonos pueden facilitar la comunicación y favorecer la participación en las actividades cotidianas.

Diagnosticar y tratar a tiempo las dificultades en la audición no debe entenderse simplemente como un recurso técnico para escuchar más fuerte. Es una decisión estratégica que protege la reserva cognitiva, mantiene la autonomía en la vida diaria y fortalece los vínculos afectivos durante el envejecimiento.